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¡Quéjate!

Ánimo a todo el mundo a quejarse. Tengo la sensación de que los españoles somos demasiado conformistas: que nos dan gato por liebre, pues… bueno, que nos toman por sopa…. no pasa nada, que se piensan que somos tontos… que importa.
Pues esta semana he aprendido que quejarse, vale la pena. Las dos últimas semanas de mi vida las he pasado haciendo llamadas por teléfono, emails, comprobando, pensando y “maquinando” que poder hacer para solucionar una situación digna de ser “denunciada”.
La cuestión es: pagas por un servicio (en este caso académico), no te lo cobran barato (por supuesto que no…) y… te das cuenta de que el servicio que te dan es peor que pésimo.
Una profesora que se pierde en clase, que le tiembla la voz, que deja frases a medias porque no sabe como continuar, que mezcla conceptos y que no conoce ni lo más básico… Lo siento, pero no.
Así que me quejé; hice piña con unos pocos y nos quejamos y el resultado ha sido bastante satisfactorio. Hemos conseguido lo que queremos.
Es cierto que la situación no es agradable pero es mucho peor pagar por un servicio que no te están dando….
Digo yo…

