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Malos días

Llevas dos horas (o menos) despierta y notas, sin saber muy bien por qué, que vas a tener un mal día. Y las sospechas se van confirmando con el paso de los minutos.
Y digieres el desayuno mientras pasas más de 20 minutos buscando aparcamiento, y cuando parece que la tortura ha acabado arañas, por influencia diabólica, el coche de otra conductora.
Y te das cuenta que no tienes dinero suficiente para pagar las malditas cartas por las que ya has pagado 20 minutos de tu vida y el correspondiente aumento de la póliza del seguro.
Y te encaminas al trabajo con llamadas desde el mismo anunciándote lo que te espera que, evidentemente, no va a ser una paga extra, sino mas bien un extra en regañeta.
Y sigues comprobando que tus sospechas se confirman porque no tienes dinero para darle al gorrilla y te vas con la duda de si tendrás coche cuando vuelvas…
Te faltan manos en el trabajo, la gente te “ataca”, los argentinos se revelan, los chilenos protestan, los brasileños piden y los holandeses exigen… ¡Cómo me gusta la interculturalidad de mi trabajo!
Y sales dos horas más tarde de lo acordado, pero sigues recibiendo llamadas porque el trabajo no te quiere abandonar. Entonces descubres que sí, que has tenido un mal día. Que deberías haber llevado un cartel como el de la foto…
Pero no desistes, intentas arreglarlo y… una pequeña charla con tu mejor amiga (pese a la penosa cobertura), una cena con más charla y chocolate, que siempre sube el ánimo, y unas cervecitas en buena compañía, con series, libros y películas rondando en la conversación.. hacen que finalmente el día no haya sido tan malo y… sonrías al ir a la cama.
¿Y por qué no?

